

En abril de 1970, el bajista oficializó una ruptura que había empezado varios años antes
Es la mañana del día siguiente al que George Harrison avisara, sin perder demasiado la calma y sin dudar, que se iba de la mejor banda de la historia de la música. La mañana en la que John Lennon, después de esa renuncia, decide que tampoco tiene ganas de ir al estudio en el que componen y graban contrarreloj Let it be, el último disco que editarían. Los Beatles están rotos. Van a pegar sus partes por un tiempo más, pero el quiebre definitivo flota en la tensión del aire que vienen compartiendo hace más de diez años.
El llanto de McCartney es una de las escenas más íntimas y más desgarradoras de Get back, el documental de tres episodios y unas ocho horas que montó el cineasta Peter Jackson con unas sesenta horas de grabación producidas en los primeros días de enero de 1969. Para sostener sus compromisos comerciales -y sus niveles de vida en años en los que ya no hacían giras en vivo-, Paul había ideado que un documental registrara el proceso de composición, ensayo y grabación de un disco, y que todo eso terminara en una presentación ante su público después de mucho tiempo sin hacerlo.

McCartney se había convertido en una especie de autor intelectual de la marca The Beatles tras la muerte por sobredosis de Brian Epstein, el histórico manager de la banda y, sobre todo, el administrador de sus egos. Epstein los había visto en The Cavern en 1961 y se había ganado su confianza: fue el verdadero “quinto beatle”. Se ocupaba de mediar cada vez que había conflictos entre ellos, de administrar sus finanzas, de organizar los negocios alrededor de su música y, sobre todo, sus giras en vivo. Pero en 1967 lo mató una sobredosis de barbitúricos y Los Beatles quedaron algo así como huérfanos.
La muerte inesperada de Epstein descolocó a la banda. Los dejó huérfanos ante problemas que no estaban acostumbrados a resolver y demasiado expuestos a sus propias personalidades. George no había sido el primero en decir “basta”. Un año antes de ese adiós, Ringo Starr había pegado el portazo durante la grabación del épico Álbum Blanco por la hostilidad que se vivía durante los días de grabación.
La tensión entre ellos tampoco era del todo nueva. Lennon y McCartney se habían disputado ser el más protagonista y el más talentoso de la banda prácticamente desde el principio. Pero eso, con un mediador que supiera llevarlos como Epstein y un productor musical único en su especie como fue George Martin, era una potencia. Aprender juntos, competir, entenderse entre sí como nadie, todo eso los hacía mejores.

Pero a ese hartazgo y a esas tensiones hay que sumarle algo menos lacerante y, tal vez, más definitivo. Hacia fines de los sesenta, Los Beatles ya se pensaban a sí mismos por separado. Les interesaba la música desde perspectivas muy distintas. Lennon había formalizado su relación con Yoko Ono, esa artista de vanguardia a la que había conocido en una galería y que ahora se sentaba al lado suyo y de los otros tres integrantes de la banda mientras componían un nuevo disco.
Harrison también quería otra cosa. Algo que se pareciera más a la influencia de la música de la India que había conocido de cerca en el viaje de la banda a ese país. A esos sonidos, a esos silencios, a ese espíritu que George convertiría en una filosofía de vida. “All thing must pass”, una canción que ni Lennon ni McCartney aceptaron sumar al repertorio de la banda, fue la que le daría título al primer disco solista de Harrison tras la ruptura oficial de Los Beatles. En ese disco triple está todo lo que George quería decir y no lo dejaban.
McCartney, en cambio, quería seguir recorriendo un camino más vinculado al mundo del pop, en el que la banda había logrado protagonizar la mayor revolución del siglo XX y en el que, creía, todavía había mucho por hacer. Y Ringo sumaba cada vez más contratos como actor de cine: para la grabación de Let it be hubo que tener en cuenta los días de rodaje de una película que co-protagonizaría con Peter Sellers. Había ahí un destino que a Starr le divertía explorar y que, además, le redituaba.
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