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💸 Lou Pearlman y su fraude a Backstreet Boys y NSYNC


CarlosMX
Super Usuario

 

Si crecieron en esa época de los 90s o de plano les encanta el viaje nostálgico, seguro se saben de memoria los coros de Backstreet Boys o NSYNC. Esas coreografías perfectas, las playeras tres tallas más grandes y las caritas de niños buenos que derretían corazones. Pero detrás de toda esa magia pop, había un señor bonachón, gordito y sonriente que resultó ser el verdadero "rey de la transa", Lou Pearlman, también conocido en el bajo mundo de los negocios como "Big Poppa".

Agárrense, porque esta es la historia de cómo un tipo les picó los ojos a las bandas más famosas del planeta.

 

De los aviones a los "Boy Bands"
El nacimiento del imperio

Para entender el chanchullo, hay que saber de dónde salió este personaje. Lou Pearlman no era productor musical; el tipo tenía un negocio de renta de dirigibles y aviones charter. Cuenta la leyenda que un buen día rentó un avión a los mismísimos New Kids on the Block y, al ver los millones de dólares que generaban esos muchachos, a Lou se le prendió el foco y dijo: "De aquí soy".

Ni tardo ni perezoso, puso un anuncio en el periódico de Orlando buscando chavos que cantaran y bailaran. Así fue como reclutó a Nick, Brian, AJ, Howie y Kevin. Les puso departamento, les pagó clases y los pulió hasta que nacieron los Backstreet Boys. El éxito fue una locura total.

Como vio que el negocio era una mina de oro, repitió la fórmula y armó a la competencia: NSYNC (con un joven Justin Timberlake a la cabeza). Después vinieron O-Town, LFO y Aaron Carter. Lou era, supuestamente, el rey Midas de la música.

 

La cruda realidad
Mucho cantar, poco cobrar

Aquí es donde la puerca torció el rabo. Imagínate que eres un Backstreet Boy en 1997: vendes millones de discos, llenas estadios por todo el mundo, no puedes ni salir a la calle por la histeria de las fans... y cuando te llega tu cheque de ganancias, resulta que es por la poderosa cantidad de solo... ¡$10,000 dólares! Sí, leíste bien. Mientras el grupo generaba más de 50 millones de dólares, a los muchachos les tocaba una bicoca.

¿Cómo le hacía para transarse a todos? Resulta que el astuto de "Big Poppa" firmó los contratos con una trampa maestra: él era el mánager del grupo, pero también se puso a sí mismo como el "sexto miembro" de los Backstreet Boys (y el sexto integrante de NSYNC). Así que cobraba como productor, como mánager y se llevaba una rebanada del pastel como si fuera un cantante más. ¡Un genio del mal!

 

Se les cayó el teatro y las demandas llegaron

Obviamente, los muchachos no eran tontos. El primero en oler el gato encerrado fue Brian Littrell de los Backstreet Boys, quien contrató a un abogado para revisar las cuentas. Cuando descubrieron el tamaño de la tomada de pelo, le metieron una demanda marca llorarás.

Al poco tiempo, Justin Timberlake y los de NSYNC se dieron cuenta de que estaban en la misma situación de "explotación pop" y también mandaron a Lou a volar, logrando liberarse de sus garras tras batallas legales larguísimas. Al final, casi todos los artistas que manejó lo terminaron demandando por fraude y robo.

 

El otro "Gran Truco"
El esquema Ponzi

Pero esperen, que el chisme se pone peor. Lo de las bandas de música era solo la punta del iceberg. El verdadero negocio turbio de Lou Pearlman era un esquema Ponzi gigante (una estafa piramidal de esas donde le pagas a los inversionistas viejos con el dinero de los nuevos).

El triste final de Big Poppa

Como todo lo que sube tiene que bajar, en 2006 todo el teatrito se le vino abajo. Cuando el FBI le empezó a pisar los talones, Lou aplicó la de "aquí corrió que aquí quedó" y huyó a Bali, Indonesia. Pero la justicia tarda pero llega, y en 2007 lo torcieron allá.

  • Fue extraditado a Estados Unidos.
  • En 2008 lo sentenciaron a 20 años de prisión.
  • En 2016, tras las rejas y abandonado por casi todo el mundo, le dio un paro cardíaco y estiró la pata a los 62 años.

Moraleja de la historia

Al final del día, Lou Pearlman demostró que era un visionario para el pop, pero un desastre para la honestidad. Nos dejó canciones que hoy en día seguimos cantando en el karaoke a todo pulmón, pero a costa de dejar a pulso la lección más importante de la industria musical:

"Chavos, lean bien sus contratos antes de firmar".